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Castro-Urdiales, Julio de 1997.

«Nadie ve la misma raya del horizonte.

El horizonte es el que nos dice quien mira más lejos.»

Lorenzo Oliván.

 

 

«La mirada en el horizonte»

Esta colección de retratos es el resultado de un «paseo» que comenzó a finales de Julio de 1997. Ni mucho menos pretende ser una síntesis social de este hermoso pueblo. Se trata de una mirada. Son las imágenes de un puñado de jóvenes castreños que forman parte de esa línea imaginaria que llamamos horizonte. El futuro, como las personas aquí representadas, es el resultado tanto del azar como de la voluntad de elegir. Ya sabemos que paseando uno se atiene a las circunstancias que al camino asoman.

Algo tiene Cantabria que me conduce a la reflexión. Debe ser la conjunción de esos verdes y pacíficos valles con ese mar que amenaza con desbordarse. O puede que sean las formas que dibujan las casi siempre densas nubes, que disparan la curiosidad y obligan a buscar significado a los símbolos que me parece entrever en su vasto cielo. Es el juego que la imaginación me ofrece frente a semejante espectáculo.

Y algo de eso ha tenido que quedar impreso en la mirada de estos jóvenes castreños. Algo de esa magia, algo de los vibrantes valles y de la fuerza de su mar. Algo del olor a tierra mojada y de acantilado azotado por agua salada. Y estos castreños no lo ocultan. Se les ve orgullosos de la tierra que pisan. Y a mí, al visitante, no me extraña. «Algo debe tener Castro cuando tantos vienen» me dice Hector, el atleta. Yo asiento. Y seguimos caminando por el muelle de Don Luis. Un nadador se aproxima a lo lejos. Martín prepara su aparatosa cámara. El nadador alcanza el muelle. Al poco de emerger suena el «clik». Resulta ser Miguel Angel, que además de ligar sirenas poniendo celoso al mismísimo Neptuno, estudia para delineante.

Pero no todas las fotos resultan tan espontaneas. Hay otras que necesitan mayor concentración, y el azar debe ser y sigue siendo una constante en este trabajo. Un equilibrio que exige el consiguiente esfuerzo para plasmar esta «guía de miradas». En el Ayuntamiento nos ponen sobre la pista de personajes que destacan por diferentes actividades, como el escritor y profesor de Literatura Lorenzo Oliván, galardonado con el premio Luis Cernuda de Sevilla por su libro de poesía: La eterna novedad del mundo. Título que (me comenta más adelante) ha sacado de un texto de Fernando Pessoa. «Me siento nacido a cada instante a la eterna novedad del mundo». En el bar Avenida, mientras recargamos fuerzas con unas sabrosas tapas y mantengo una afable charla con el curtido Doctor Monteoliva, nos dan el teléfono de Jorge Mariscal. Al poco quedamos para presenciar la subasta de pescado y realizar la consabida foto a personaje tan singular. A pesar del buen recibimiento lo de la foto no le hace mucha gracia, pero termina cediendo.

El cielo se abre para regalarnos unos rayos de sol y nosotros seguimos a la caza de miradas. El mar está picado. En la playa de Brazomar unos muchachos practican Body Board y Surf. Pablo, Gorka, Ricardo y Gonzalo sacan con sus planchas partido a la bravura de las olas. Se revuelcan, sumergen y deslizan en una húmeda batalla cuya finalidad es solo diversión. Una buena victoria.

Silvia y Anabel, socorristas de Protección Civil, cuidan a través de sus prismáticos que ningún bañista corra riesgo alguno. La noche cae y con ella las sombras, pero nuestros ojos siguen receptivos, expectantes, a cualquier nuevo rostro que pueda encajar en este puzzle inacabable. Y así, en los días sucesivos, van sumándose miradas. Como la mirada bella y pura de Patricia, camarera de El Puerto, que contrasta con la fría de Luis Vélez, patrón de su recién estrenado barco. No creo que los ojos sean el espejo del alma. El alma se hunde en una infinidad de incógnitas, pero sin duda son la referencia obligada para encontrar razón más allá de las palabras.

Otro día, a lo lejos, en el muelle de Eguilior, veo como un intrépido corsario arranca el trapo rojo de la Cucaña, un mástil engrasado y asomado al abismo en cuyo extremo se halla el objeto del reto. El héroe es Poche, ex-marinero y cofrador. Vamos corriendo hacia allí. Le reconozco porque su mano agarra su trofeo con aire templado y tranquilo. «Cuestión de equilibrio», me dice.

Y el disparador de la máquina sigue sonando bajo el experimentado dedo de Martín. Un encuentro da paso a otro y nos vamos encontrando, poco a poco, más satisfechos. Después, al lado de la fastuosa iglesia gótica de Santa María, me encuentro pidiendo los «datos» al joven policía local, José Luis. Martín lo «ficha», le pregunta si le ha dolido y entre risas nos contesta que no.   Nos dirigimos al estudio de grabación Volumen para ver si damos con algún nuevo valor del rock and roll cántabro. Ahí nos encontramos con Sergio, guitarra del grupo In Fango, con quien quedamos para el día siguiente. Aparece con David, cantante del mismo grupo. Un tipo con buena planta y mejor estar. Una estrella. No he escuchado nada de ellos, pero después de la sesión de fotos, apostaría a que estos chicos van a sonar fuerte. Y así, a cada paso, van pasando los demás, como Oscar el remero de trainera, Joseba el cantero, Julio el ingeniero, María Angeles la modelo, Sergio el escalador, Quique el fotógrafo submarino, María la pintora, José Luis el actor, Olga la del merendero de sardinas, Bibi y Estíbaliz espeleólogas, Francisco el carrocista, Pepe Agote el futbolista, Miguel Ángel alcalde de la Pedanía deIslares, Rodrigo el clarinetista, Daniel, Chelo la frutera y tantos otros. Todos con sueños e inquietudes. Gente joven que comparte este entorno tan especial, antiguo pueblo de pescadores.

El último día, Martín pesca a José María, el tenor de Castro. Un muchacho sencillo y valiente que lucha por buscarse un lugar en terreno tan elitista. Sus cuerdas vocales se irán templando para quizá, algún día, dar lo mejor de sí mismo en la Scala de Milán o el Metropolitan de Nueva York. Hasta entonces, nada mejor que compartir con él unas rabas donde Cipri. Pasear enseña lecciones insólitas. Mirarse al espejo puede ser mirar, cara a cara, al otro. A quien conocemos tan poco como a nosotros mismos.

La marea está bajando. El horizonte, en su sitio.

Caimán Montalbán.