© M A R T I N S A M P E D R O
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Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis.

El valle de los huesos secos. Ezequiel 37, 1-14

 

Cuando mi amigo P.P.M. escribió el titular «Martín Sampedro: La Nueva Fotografía» para el catálogo de la exposición Interior Ulterior (2009), me sorprendió su habilidad al señalar mi trabajo como precursor de un acontecimiento. La Nueva Fotografía, en la que yo trabajo, no está hecha de los instantes cotidianos a los que Pablo llamaba mi vida misma sino que incorpora otras luces, otras formas de vida, alucinaciones o personas virtuales, como elementos esenciales de la fotografía. Con esta forma de bautizar mi trabajo absolvía el tabú de la peligrosa amistad entre la fotografía tradicional y las nuevas formas de generar imágenes en la era digital. De ahí la ene invertida en recuerdo a la revista Иueva Lente, a Pablo Pérez Mínguez, Carlos Serrano y Jorge Rueda. Su reconocimiento y ejemplo me acompañan cuando construyo imágenes y busco la forma de nombrarlas; nueva fotografía, fotografía fantástica, realismo mágico o esperpento en recuerdo también a mi vecino Valle Inclán.

¿Podría vivir la vida sin pensarla, observarla, fotografiarla, nombrarla?

Desde que tengo uso de razón, pasar el tiempo haciendo fotos me ha ayudado a revelar intuiciones. Al igual que las palabras sirven para vestir una idea, la fotografía me sirve para desnudar la realidad. Lo que pienso está condenado al olvido. Según escribo voy olvidando y, sin embargo son las imágenes aquello que permanece latente en mi memoria. Cuando pienso en un concepto, por ejemplo el amor, inevitablemente me lleva al retrato de las personas amadas. Los recuerdos, los conceptos y los sentimientos tienen la apariencia de una fotografía aunque no interceda la cámara ni se pulse un disparador para capturar el instante. Lo que creemos hacer de forma consciente, lo hace nuestra mente con naturalidad de forma inconsciente, sin cámara, revelados ni retoques. La cámara subjetiva siempre va encendida, trabajando en crudo para entregarnos algo no meramente retinal; de ahí mi vocación impura de cocinar las imágenes para extremar la subjetividad.

¿Pero qué pasa con los ciegos, acaso ellos no cocinan las imágenes?

Cierro los ojos para meditar esta pregunta y veo algunas manchas de colores, energías y formas que no alcanzo…, aprecio un parpadeo muy cinematográfico, casi eléctrico, puede que sea el eco de los fluidos que laten en mi interior. La mandíbula se relaja y comienza a temblar, vibra, tintinea como si estuviera nervioso… ¡Esto sí que no me lo esperaba! Olvidé purgar los radiadores y puede que el frío esté alumbrando este misterio. Con cada rechinar de dientes comienzan a saltar flashes de imágenes holográficas tejiendo recuerdos y deseos…, los ojos inundados por la emoción.

Con los ojos cerrados he visto retratos y fragmentos de realidad que me citan con la infancia, nada extraño pero sí vertiginoso. ¡Qué fuerte! Al vestirme con la piel de un ciego, alucino y lloro como lloraría un ciego al recuperar la vista.

¿Acaso la fotografía no es otra cosa que alucinación?

Después de Interior Ulterior, La extrañeza de Existir y Sangre Azul, en los que la figura humana había sido reemplazada por seres virtuales, con la excusa de mostrar las otras dimensiones de la existencia, me encuentro ante la incertidumbre de continuar el camino. Al cerrar los ojos para visualizar la dimensión del desastre, descubro lo abismal que se hace caminar en solitario, y la inmensa suerte de tener tantos amigos invisibles. Estos esperpentos que me guían y hacen mi trabajo tan reconocible, me están dando la oportunidad de construir una imaginería propia. Aunque involuntariamente parecen provocar un enfrentamiento con el mundo de los humanos y de la fotografía tradicional, nunca renegaría de ella pues me acompaña desde niño ahorrándome infinidad de palabras huecas. “Latente” era aquella mágica sensación que alumbraba mi imaginación frente a la realidad atrapada en los carretes recién revelados que colgaba de la ducha. “Latente” es la prisa por intuir el milagro de la vida, energía vital. “Latente” es la luz que yo reclamo, la luz de tu mirada; “Llegaste oh Telémaco, dulce luz de mis ojos, alegría de mi vida”.  La dulce luz que Homero nombrara en griego como (faos/faeo), en lugar de la luz del sol (fos/fotos) con que bautizaron a la “foto-grafía”. Ésa era la luz con la que alumbrar lo latente y por eso en algún momento llamé a mis “fotografías”: “fao-grafías”.

Siempre me ha llamado la atención esa vocación que tenemos los humanos por imitar lo que se da en la naturaleza. El ambientador que huele a pino, una pintura que parece un paisaje, esa fotografía que parece un cuadro, ese dibujo tan bien hecho que parece de verdad,… Todo lo que nos rodea nos inspira para deconstruirlo y manufacturarlo como si fuéramos creadores. La economía, el desarrollo, el bienestar, el malestar, todo lo que hacemos los humanos gira en torno a la posibilidad de poseer aquello que en la naturaleza se da gratis. Pero lo acompañamos de una mentira piadosa, un precio, en ocasiones una trampa mortal. También, elaboramos creaciones y trampantojos con que mostrar la dimensión latente de aquello que admiramos. Así el arte, en esta era digital, es visitado, revisitado, copiado, duplicado, imitado, sobado, mejorado, valorado, devaluado, enviado, robado y regalado, con la urgencia de posponer en lugar de proponer. Tal vez el gesto de disparar el obturador de una cámara fotográfica sea la decisión consciente de atrapar algo memorable y embalsamarlo para su conservación como algo cierto. En cambio la verdad es latente, y la creación invención.

¿Existirá un nuevo arte, más allá del entretenimiento o el espectáculo?

Sírvame este último experimento Latente para decir algo propio en favor de La Nueva Fotografía y su luz espiritual. Por fin podemos fotografiar lo inexistente, elevar la mirada más allá de lo evidente y construir una realidad sin miedo al derrumbe. Al mirar las fotografías de la colección Latente, tras la contemplación, el onanismo o el deleite estético, intuyo que respirar, transitar, fotografiar y compartir lugares o personas inexistentes, responde a mi necesidad de citarme con el Álter-ego. Y para que me entiendan, he acuñado una nueva palabra cargada de futuro con la que nombrar esto que ahora hago; “Álter-retratos”.

Desde que Louis Dodero inventara las famosas tarjetas de visita con las que se popularizó la fotografía en sus primeros tiempos, la cámara fotográfica ha asistido a constantes innovaciones que han transformado nuestra forma de ver e interpretar la vida. La revolución digital, no ha hecho más que empezar. El desarrollo masivo de esta tecnología, ha facilitado que cualquier persona pueda expresarse y hacer retratos de forma sencilla. Pronto las cámaras digitales estarán dotadas de nuevas tecnologías espaciales y sensoriales con las que captar, representar y compartir eso que vemos al cerrar los ojos.

Aflojen los párpados, dejen aflorar lo latente. Sírvame esta colección de álter-retratos como homenaje a la fotografía y a los fotógrafos, los del negativo, el positivo, el microscopio, la endoscopia, el escáner, el 3D y la resonancia magnética; los de la alucinación latente, los que inventaron el arte moderno y los que revolucionaron la medicina y la ciencia a base de nuevas formas de observar la vida y sus diferentes dimensiones, a puro pulso de imaginación.

Hagan suyas estas imágenes, rebélense, descubran la mágica sensación de desvelar lo latente, formulen nuevas adivinanzas y, tal vez así, puedan inspirar y resucitar a los muertos.

 Martín Sampedro,  14 de abril de 2015

 

La colección “LATEИTE” se muestra en negativo para que el espectador viva la experiencia de proceso fotográfico. A través de la cámara de su teléfono móvil podrá ver las imágenes en positivo. Utilice la cámara por defecto de su smart phone con el efecto negativo, o instale la aplicación gratuita para iPhone.

Latente is a post-photographic project inviting viewers to discover the latency of images comprised within the series of Alter-portraits.

 

 

Sampedro’s “New Photography” incorporates latent lights and life forms, hallucinations and virtual beings, to question the nature of photography today in its relation to new forms of creating images in the digital era. Inspired by Valle-Inclán, whose portrayal of figures from Spain’s political history often appealed to obscenities, ruthlessness and vulgar imagery as a means to mock the theatrical insipidity, Sampedro’s images of desire and sexuality are politically subversive and challenge the nature of photography. It would be hard to give a definition to what “New Photography” means since this is mostly a personal relationship with the photograph itself. Whether new photography, fantastic photography or magical realism, Sampedro’s work is based on a complex imagery and drastic perspectives on life that encourages an intuitive approach. “As much as words can dress up an idea,” says the artist, “photography helps me undress the reality.”

The idea of latency is thus a means to address and access the memorial qualities of an image rather than an elaborate structure of concepts that would have to do with an explicit thinking about images. “Memories, concepts and feelings have the appearance of a photography, even without the intervention of a camera or without pressing the camera shutter to catch the instant. What we think we do consciously, is made by our mind unconsciously, naturally, without any camera, developing or retouches. The subjective camera is always turned on, working in raw to show us something that is not merely retinal,” says the artist.

Sampedro’s manifest desire to push subjectivity to the limit allows him to create intuitive scenarios around the desire behind the image. These are not ‘negatives’ of the real; they reflect a different light altogether. In this sense, they are not portraits but rather the Alter-portraits of an alternate reality we are invited to discover beyond the naked visuality. While photography is a process of finding new means to reflect light across the opacity of matter, Sampedro’s images are meant to go through matter and desire, beyond what the camera records. Seeing through and into ourselves, the artist’s work is not radiographic either; it is a mental state that creates tension between our perception of the image and the reality we imagine around the given image. Sampedro’s latent photographs address the obscure nature of the psyche and disclose an illuminating process that is both technical and mental. It should come as no surprise then, that the artist’s insists on sexual imagery to seduce the viewer into his work. This has more to do with the energies and forms one cannot reach but longs for; the flickering and pulsating images in his video are a vibrating reel of imagination rather than reality. These “flashes of holographic images pop up” and weave memories and wishes together. They are visual vertigines rather than images as such.

Is photography anything but hallucination?

In envisioning the virtual being, the artist breaks away from the constraints of figuration, allowing the virtual camera to travel inside the body and across the fleshy planes as a means to explore the different dimensions of existence. The idea of latency is as much about the vital energy of matter, as it is about the germinal nature of the image itself. This, as Sampedro explains, might have to do with a distinction between phos/photos, the sunlight which gave photography its name, and phaos/phaeo, the sweet light in Homer’s envisioning of Telemachus. “That was the light that lit the latent,” says the artist, “and that’s why at some point I called my photographs: phao-graphs.” It is not a visual field that Sampedro seeks to reveal, but rather the consistency of matter as a matter of unconscious illumination. In a world that inspires us to deconstruct and manufacture, arising demiurgical pretensions over nature and the real, the artist’s gesture is meant to reclaim a certain spirituality. In this digital age, says Sampedro, “art is visited, revisited, copied, duplicated, imitated, fondled, improved, valued, devalued, sent, stolen and given away, with the urge to postpone rather than to propose. Perhaps by triggering the shutter of a photographic camera we consciously decide to catch something memorable and preserve it as something true. However, the truth is latent and the creation is an invention. I’d like this latest experiment, Latente, to say something in favour of the New Photography and its spiritual light. At last we can photograph the nonexistent, we can raise the eyes beyond the obvious and build a reality without fear of collapse.”

As we are ever closer to a moment when sensory technologies will allow us to capture, represent and share what we see when we close our eyes, Latency can be seen as a double artistic gesture: on the one hand, the artist invites to a dialogue between the possibilities offered by post-photographic media and the negative, the positive, the microscopic, the endoscopic, the scanner, the 3D and the MRI. These, as we know, have been instrumental in grounding modern art and inspiring the development of medicine and science. On the other hand, Sampedro’s Alter-Portraits confront the viewer not with an image of the other, but with an image of ourselves: our Alter-egos, our hidden desires, our intimacies, our thoughts and cravings, our very own eagerness. The latency of the image is, in fact, an appetency for our own selves. One can fall into the abysmal psyche of self-imagining and self-representations, a looping echology where one only apprehends himself and therefore nothing – or find new ways of looking at reality and the other, ways that are illuminated from the inside.

Sabin Bors, Anti-Utopias. October 12, 2015